Emprendimiento hecho en Guatemala: El arte de preservar sabores - Centro Venezolano de Alta Capacitación CEVALCA

Después de haber trabajado varios años para una entidad privada, Juan Diego Álvarez se quedó desempleado y fue así como decidió emprender un negocio propio. Ahora, años después, cuenta que no tenía claro en qué aventurarse, pues lo único que sabía es que tenía que trabajar para cubrir sus gastos.

Por Prensa Libre

Días después de pensarlo y analizarlo, decidió utilizar internet para buscar opciones de negocios y fue cuando encontró la página “Negocios exitosos con bajo presupuesto”. Ahora, años después, cuenta que no tenía claro en qué aventurarse, pues lo único que sabía es que tenía que trabajar para cubrir sus gastos.

Días después de pensarlo y analizarlo, decidió utilizar internet para buscar opciones de negocios y fue cuando encontró la página “Negocios exitosos con bajo presupuesto”. “Eran más de 50 posibilidades, entre ellas repostería, car wash, cuidar bebés, ventas por catálogo”, dice Álvarez; sin embargo, confiesa que no se imaginaba emprendiendo esos proyectos, pero de repente leyó respecto de deshidratar, y visualizó ese proyecto.

“Leí deshidratar y pensé que sería fácil, todavía no sé por qué me enfoqué en fruta y no en otro producto. Al día siguiente, compré mi primera máquina deshidratadora casera y fui a comprar manzanas, bananos y piñas con una vecina”, recuerda el emprendedor.

El primer resultado fueron 19 bolsas de fruta, las cuales se dieron a conocer en el círculo familiar; la segunda producción fue de 60 bolsas y los amigos fueron quienes probaron el producto.

Avanzó Álvarez y elaboró 120 bolsas, y es cuando decide ir a venderlas a la 19 calle de la zona 1; sin imaginárselo, tuvo éxito, siempre con el temor de que algún servidor público le quitara la venta.

Posteriormente a las ventas en la zona 1, el emprendedor vendió su producto domingo a domingo en Pasos y Pedales y tuvo oportunidad de participar en su primer bazar en la zona 4, aún sin tener experiencia en eventos grandes. “Para abastecer el primer evento, adquirí una máquina semiindustrial, la cual me dio la oportunidad de producir 200 bolsas semanales. También me di cuenta que es importante interactuar con los clientes, para enseñar y explicar el proceso que lleva el producto”, comenta Álvarez.

Hasta ese momento, la pequeña empresa no tenía nombre, pero cuando empezó a ver los resultados decidió que era momento de nombrarla y es cuando la bautiza “Deshifruta”.

Según el propietario, se diferencia porque tiene variedad, calidad y no utiliza preservantes ni colorantes.

En la actualidad, el emprendedor deshidrata de 12 a 15 diferentes frutas: mango, kiwi, pitahaya, zapote, sandía y fresa, entre otras. Álvarez sueña que sus productos se deshidraten con luz solar y trabajar en conjunto con una comunidad, además de que se convierta en parte del menú de las personas. Los alimentos deshidratados tienen gran demanda, son pequeños, ligeros, fáciles de transportar y conservan gran parte de su sabor, color y consistencia.

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